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Guías Alimentarias 2025–2030 de EE. UU.: entre la evidencia científica y el ruido nutricional

Hace unos días se lanzaron las nuevas Guías Alimentarias 2025–2030 de Estados Unidos y las redes sociales explotaron. La imagen más compartida es su gráfica, una especie de pirámide alimentaria invertida que prioriza el consumo de proteínas, grasas “saludables” y lo que se denomina “alimentos reales”.


Como suele ocurrir con este tipo de lanzamientos, la circulación masiva de una gráfica simplificada generó entusiasmo, confusión, discusiones y también cansancio. Por eso, vale la pena frenar un momento y analizar qué dicen realmente estas guías desde una mirada nutricional y de salud pública.

Porque cuando hablamos de guías alimentarias no hablamos de modas: hablamos de políticas que influyen en sistemas de salud, programas alimentarios y mensajes que llegan a millones de personas.


Gráfica no es lo mismo que evidencia

Uno de los primeros puntos clave es entender que la gráfica que circula en redes no representa todo el contenido del documento.

Las imágenes simplifican: jerarquizan alimentos, ordenan nutrientes y transmiten mensajes rápidos. Pero la evidencia científica no funciona de esa manera. En el texto oficial de las Guías Alimentarias 2025–2030 se sigue hablando, como en ediciones anteriores, de patrones alimentarios, no de nutrientes aislados.

Esto implica que:

  • No se recomienda un solo grupo de alimentos como solución universal

  • Se reconoce la importancia de frutas, verduras, legumbres, granos integrales y distintas fuentes de proteínas

  • Se enfatiza el contexto, la frecuencia, la combinación de alimentos y el acceso


La controversia aparece cuando la gráfica comunica jerarquías rígidas que el texto científico no sostiene con la misma contundencia. En salud pública, esto es relevante: las imágenes educan más rápido que los párrafos, y muchas veces terminan reemplazando al contenido técnico.


No es un consenso científico cerrado

Otro aspecto fundamental es que lo que hoy circula no representa un consenso científico global ni definitivo.

El lanzamiento de estas guías está fuertemente asociado a un movimiento político específico (Make America Healthy Again), impulsado por el mismo vocero que las presentó públicamente. Esto no invalida automáticamente todo el documento, pero sí obliga a leerlo con mirada crítica.


La ciencia en nutrición se construye a partir de:

  • Revisión sistemática de evidencia

  • Debate entre especialistas

  • Actualización constante

  • Consideración de impactos poblacionales


Cuando los mensajes se comunican desde consignas políticas o slogans, existe el riesgo de seleccionar evidencia que refuerce una narrativa previa, en lugar de construir recomendaciones amplias y cuidadas.

Por este motivo, distintas organizaciones científicas, como la Academy of Nutrition and Dietetics ya señalaron la importancia de no confundir una estrategia comunicacional con evidencia nutricional sólida.


Priorizar nutrientes no equivale a mejorar la alimentación

Desde el punto de vista técnico, poner el foco casi exclusivo en proteínas y grasas puede resultar problemático si se interpreta de manera simplificada.

La evidencia actual muestra que:

  • La salud no depende de un nutriente aislado

  • Los beneficios se observan en patrones alimentarios sostenidos

  • La calidad global de la dieta es más relevante que la cantidad de un solo componente

Reducir el mensaje a “más proteína” o “menos carbohidratos” invisibiliza:

  • El rol de los carbohidratos complejos y la fibra

  • El impacto positivo de dietas basadas en alimentos de origen vegetal

  • Las diferencias culturales y socioeconómicas en el acceso a alimentos


Además, este tipo de mensajes suele reforzar una lógica de control y rendimiento que no siempre contribuye a una relación saludable con la comida.


No es una solución universal ni replicable a otras poblaciones

Incluso dentro de Estados Unidos, la historia muestra que cambiar una gráfica no cambia un sistema alimentario.

Durante décadas, se promovió la pirámide alimentaria tradicional, luego se reemplazó por MyPlate, con una propuesta más visual y “simple”. Sin embargo, a pesar de estas modificaciones, persisten altas tasas de enfermedades crónicas, inseguridad alimentaria y desigualdades profundas en el acceso a alimentos saludables

Esto demuestra que los problemas alimentarios no se resuelven solo con recomendaciones nutricionales, sino con políticas estructurales: regulación de la industria, acceso económico, sistemas de producción y distribución, educación alimentaria y protección social.

Por eso, estas guías no pueden extrapolarse automáticamente a otros países o poblaciones con realidades completamente distintas.


Conflictos de interés y sistemas alimentarios

Otro punto que suele quedar fuera del debate es el de los conflictos de interés.

La elaboración de guías alimentarias en Estados Unidos tiene una larga historia de vínculos con distintas industrias alimentarias, incluidas las de proteínas animales, alimentos fortificados y suplementos.

Esto no significa que todo el contenido carezca de valor, pero sí que las recomendaciones no se producen en un vacío. Los intereses económicos influyen en qué mensajes se amplifican, qué enfoques se priorizan y qué aspectos se relativizan o quedan fuera.

Por eso, analizar guías alimentarias implica también mirar quiénes participan, qué intereses están en juego y qué voces quedan excluidas.


El impacto en la relación con la comida también importa

Finalmente, es importante recordar que los mensajes nutricionales no son neutros. Discursos que jerarquizan alimentos, refuerzan control o presentan la alimentación como una obligación moral pueden impactar negativamente en:

  • La relación con la comida

  • La salud mental

  • Los trastornos de la conducta alimentaria

Una alimentación saludable no es solo una suma de nutrientes: también incluye placer, cultura, flexibilidad y bienestar emocional.


Para cerrar...

Cuestionar el sistema alimentario actual es necesario. Reducir ultraprocesados y mejorar la calidad de la alimentación es un objetivo compartido. Pero reemplazar un dogma por otro no es el camino.

La nutrición basada en evidencia se construye con mirada crítica, contexto, diversidad y políticas que garanticen acceso real a alimentos saludables.

La pregunta no es qué nutriente va primero en una pirámide, sino a quién benefician estas recomendaciones y a quién dejan afuera.


Un beso,

Flor



Fuentes y lecturas recomendadas (formato APA)



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