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Alfabetización mediática en nutrición: una herramienta clave para la prevención de los trastornos de la conducta alimentaria

Cada 2 de junio, el Día Mundial de Acción por los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) nos invita a reflexionar sobre los múltiples factores que influyen en la relación que las personas construyen con la comida, el cuerpo y el peso.


Tradicionalmente, la prevención de los TCA se ha asociado a la detección temprana, la atención clínica especializada o las intervenciones terapéuticas. Sin embargo, existe otra dimensión que suele recibir menos atención: el papel de la comunicación en la construcción de los imaginarios sociales sobre la alimentación y los cuerpos.


En un contexto donde millones de personas consumen diariamente contenidos sobre nutrición a través de redes sociales, medios digitales y plataformas audiovisuales, la alfabetización mediática se vuelve una competencia profesional imprescindible para quienes trabajamos en salud y alimentación.


Comunicar también es intervenir

Las y los nutricionistas no solo intervenimos en consultorios, hospitales, escuelas o espacios comunitarios. También participamos activamente en la producción y circulación de mensajes sobre alimentación.


Cada publicación, video, reel, historia o entrevista comunica mucho más que información nutricional. También transmite valores, normas, expectativas y creencias acerca de qué significa "comer bien", cómo debería verse un cuerpo saludable y cuáles son las conductas consideradas socialmente aceptables.


Por eso, cuando hablamos de prevención de los TCA, no alcanza con preguntarnos si la información que compartimos es técnicamente correcta. También es necesario analizar qué efectos pueden tener los formatos y narrativas que utilizamos para comunicarla.


El problema no siempre está en el mensaje

Muchas veces el debate profesional se centra en verificar si una recomendación nutricional es verdadera o falsa. Sin embargo, desde una perspectiva de alfabetización mediática, la pregunta es más amplia:

¿Qué ideas sobre la alimentación, el cuerpo y la salud transmite este contenido?


Un mensaje puede estar basado en evidencia y, aun así, reforzar creencias que favorecen la culpa alimentaria, la vigilancia corporal o la comparación constante.

Por ejemplo, expresiones como:

  • "Eliminá los ultraprocesados".

  • "Quemá los excesos del fin de semana".

  • "Controlá todo lo que comés".

  • "Prepará tu cuerpo para el verano".


Pueden parecer consejos orientados a promover hábitos saludables. Sin embargo, también pueden reforzar la idea de que ciertos alimentos son moralmente incorrectos, que la alimentación debe compensarse mediante ejercicio o que determinados cuerpos son más valiosos que otros.


Cuando el formato también comunica

La comunicación digital actual está fuertemente condicionada por formatos que priorizan el impacto, la viralización y la simplificación de mensajes complejos.

Algunos de los formatos más frecuentes en redes sociales merecen una reflexión crítica desde la prevención de los TCA.


"What I eat in a day"

Este formato muestra la alimentación de una persona durante una jornada completa y suele presentarse como inspiración o educación nutricional.

Sin embargo, también puede:

  • Promover la comparación constante.

  • Reforzar la idea de que existe una forma correcta de alimentarse.

  • Invisibilizar las diferencias biológicas, culturales y sociales entre las personas.

  • Favorecer conductas de control o vigilancia alimentaria.

La alimentación es individual y contextual. Lo que una persona come en un día no constituye necesariamente una referencia válida para otra.


Los "antes y después"

Probablemente uno de los formatos más extendidos dentro de la comunicación nutricional. Aunque suelen utilizarse para mostrar resultados o generar credibilidad profesional, presentan varios problemas:

  • Centran el éxito de la intervención en la apariencia corporal.

  • Refuerzan ideales estéticos dominantes.

  • Simplifican procesos complejos de salud.

  • Invisibilizan variables sociales, emocionales y contextuales.

Cuando el principal indicador de éxito es la transformación corporal visible, el mensaje implícito es que ciertos cuerpos son más deseables o valiosos que otros.


Los videos de supermercado

Contenidos del tipo "Lo que nunca compraría una nutricionista" o "Los alimentos que deberías dejar de consumir hoy mismo" acumulan millones de visualizaciones.

Si bien suelen tener una intención educativa, pueden contribuir a:

  • Construir miedo alimentario.

  • Reforzar la clasificación moral de los alimentos.

  • Incrementar sentimientos de culpa.

  • Favorecer una relación rígida con la alimentación.

La educación alimentaria basada en la prohibición y el miedo rara vez promueve cambios sostenibles o relaciones saludables con la comida.


El conteo permanente de calorías

Muchas publicaciones presentan la cuantificación constante de calorías como sinónimo de autocuidado. Sin embargo, para algunas personas, especialmente aquellas con vulnerabilidad previa, estos mensajes pueden favorecer:

  • Hiperfocalización en la alimentación.

  • Ansiedad alimentaria.

  • Desconexión de señales corporales.

  • Conductas restrictivas.

El desafío consiste en reconocer que una herramienta útil en determinados contextos clínicos no necesariamente debe transformarse en una recomendación universal.


Preguntas para una comunicación más responsable

La alfabetización mediática implica desarrollar la capacidad de analizar críticamente los mensajes que producimos y consumimos.

Antes de publicar un contenido, puede resultar útil preguntarnos:

  • ¿Este mensaje informa o compara?

  • ¿Educa o genera miedo?

  • ¿Promueve salud o presión estética?

  • ¿Reconoce la diversidad corporal o refuerza ideales únicos?

  • ¿Podría ser interpretado de forma riesgosa por una persona vulnerable?

  • ¿Favorece una relación flexible con la alimentación o refuerza el control permanente?

Estas preguntas no buscan censurar la comunicación nutricional, sino enriquecerla.


Un desafío para la profesión

La prevención de los TCA no depende exclusivamente de especialistas en salud mental o equipos interdisciplinarios. También involucra a quienes producimos discursos sobre alimentación, cuerpo y salud.


En un entorno digital donde la cultura de las dietas continúa encontrando nuevas formas de expresión, la alfabetización mediática constituye una herramienta fundamental para identificar narrativas problemáticas y construir alternativas más respetuosas, inclusivas y centradas en el bienestar.


Como profesionales de la nutrición, tenemos la oportunidad —y la responsabilidad— de generar contenidos que informen sin culpabilizar, orienten sin controlar y promuevan salud sin reforzar estigmas.


Porque la prevención de los TCA también comienza en los mensajes que elegimos comunicar.


Un beso,

Flor



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