¿Qué significa hoy ser nutricionista?
En el Día de la Nutricionista, una invitación a pensar qué profesión queremos construir

Cada 11 de agosto, cuando celebramos el Día de la Nutricionista, solemos detenernos a reconocer nuestra profesión, saludar a colegas y recordar por qué elegimos este camino.
Pero este año quiero aprovechar la fecha para hacer algo diferente: hacerme algunas preguntas. Porque después de tantos años ejerciendo, enseñando, investigando, comunicando y trabajando en distintos ámbitos de la nutrición, cada vez estoy más convencida de que una profesión viva no es aquella que tiene todas las respuestas.
Es aquella que se anima a hacerse nuevas preguntas. Y quizás una de las más importantes sea: ¿Qué significa hoy ser nutricionista?
Durante mucho tiempo pensamos la nutrición de una manera bastante acotada
Alimentos.
Nutrientes.
Calorías.
Dietas.
Peso.
Indicaciones.
Resultados antropométricos.
Durante mucho tiempo, buena parte de nuestra identidad profesional estuvo construida alrededor de estos conceptos. Y, por supuesto, siguen siendo parte de nuestro campo de conocimiento. Pero hoy sabemos que la alimentación no ocurre aisladamente.
Una persona no decide qué comer únicamente a partir de lo que sabe sobre nutrición. Come en función de sus posibilidades económicas, de la disponibilidad de alimentos, de su cultura, de sus preferencias, de sus vínculos, de su historia, de su trabajo, de sus tiempos, de su entorno y de las políticas que determinan, entre muchas otras cosas, qué alimentos llegan a su mesa y a qué precio.
Entonces, si nuestro objeto de trabajo es la alimentación, ¿podemos seguir pensando nuestra práctica solamente desde los nutrientes?
Creo que no.
Necesitamos ampliar nuestra mirada
Ser nutricionista hoy implica, para mí, comprender que nuestra profesión se encuentra en la intersección de múltiples dimensiones.
La alimentación es salud, pero también es cultura. Es un derecho, pero también está atravesada por desigualdades. Es una práctica cotidiana, pero también forma parte de sistemas alimentarios complejos.
Por eso necesitamos nutricionistas en los consultorios y hospitales, pero también en las escuelas, las universidades, los territorios, las organizaciones sociales, las políticas públicas, la investigación, la comunicación y los espacios donde se toman decisiones. Necesitamos una profesión capaz de mirar más allá del plato. Y eso también implica revisar nuestras propias prácticas.
¿Qué nutrición queremos construir?
Creo que una de las discusiones más importantes que tenemos por delante es qué entendemos por una buena práctica profesional.
Para mí, necesitamos una nutrición que pueda incorporar evidencia científica sin perder humanidad. Que pueda hablar de alimentación saludable sin reducir la salud al peso corporal, que pueda acompañar sin estigmatizar, que pueda reconocer la diversidad de cuerpos, historias, culturas y contextos, que pueda trabajar sobre los determinantes sociales de la alimentación y no responsabilizar exclusivamente a las personas por decisiones que muchas veces están condicionadas por circunstancias que exceden ampliamente su voluntad individual.
Esto no significa abandonar el conocimiento específico de nuestra disciplina, al contrario, significa jerarquizarlo. Poner nuestro conocimiento al servicio de una práctica más rigurosa, más ética y más respetuosa.
También necesitamos revisar qué lugar ocupamos como profesión
Hay otra pregunta que considero fundamental: ¿Qué lugar queremos ocupar las y los nutricionistas en la sociedad?
Porque nuestra profesión tiene mucho para aportar en discusiones que exceden la consulta individual. Tenemos algo para decir sobre alimentación saludable, pero también sobre seguridad alimentaria., sobre prevención, pero también sobre políticas públicas, sobre elecciones alimentarias, pero también sobre acceso, sobre educación alimentaria, pero también sobre sistemas alimentarios, sobre salud individual, pero también sobre salud colectiva. Y para poder ocupar esos espacios necesitamos fortalecer nuestra formación, nuestra capacidad de incidencia, nuestra producción de conocimiento y nuestra participación en las instituciones profesionales.
Las instituciones también construyen la profesión
Hace pocos días, el 9 de agosto, se realizaron las elecciones del Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires.
La lista de la que participé como colaboradora fue elegida para conducir la institución.
Lo celebro profundamente, pero, sobre todo, lo entiendo como una responsabilidad. Porque participar de una institución profesional no debería ser solamente ocupar un cargo o formar parte de una lista. Es preguntarnos qué institución necesitamos, qué debates queremos dar, qué derechos queremos defender, qué formación queremos promover, cómo podemos acompañar a quienes recién comienzan, cómo podemos generar más participación, cómo podemos construir una institución más cercana y territorial.
Y, fundamentalmente, cómo podemos hacer que la representación profesional esté a la altura de los desafíos que tenemos por delante. Las instituciones no son algo ajeno a nuestra práctica. También son una forma de construir profesión.
Participar también es ejercer
Durante mucho tiempo quizás pensamos la participación institucional como algo separado de nuestra práctica profesional cotidiana.
Hoy pienso que no.
Cuando discutimos las condiciones de ejercicio profesional, cuando defendemos la jerarquización de nuestra disciplina, cuando trabajamos por mejores espacios de formación o cuando debatimos qué lugar queremos que tenga la nutrición en las políticas públicas, también estamos ejerciendo nuestra profesión.
Por eso creo que necesitamos más nutricionistas participando. No necesariamente todas y todos desde un mismo lugar. No necesariamente pensando igual.
Pero sí dispuestos a involucrarse, a debatir y a construir colectivamente. Porque una profesión también se fortalece cuando puede alojar diferentes miradas y transformarlas en conversación.
Hoy quiero celebrar esto
Hoy quiero celebrar que elegimos una profesión que todavía puede sorprendernos.
Quiero celebrar a quienes acompañan todos los días en un consultorio.
A quienes trabajan en hospitales.
A quienes enseñan.
A quienes investigan.
A quienes producen conocimiento.
A quienes trabajan en territorio.
A quienes diseñan y ejecutan políticas públicas.
A quienes comunican.
A quienes defienden el derecho a una alimentación adecuada.
A quienes cuestionan prácticas naturalizadas.
A quienes se animan a revisar lo aprendido.
A quienes buscan nuevas respuestas.
Y también quiero celebrar a quienes se involucran en la construcción colectiva de nuestra profesión.
Porque detrás de cada institución hay colegas que destinan tiempo, energía y compromiso para construir algo que nos trasciende individualmente.
Una profesión que se anima a hacerse preguntas
Quizás hoy no tengamos una única respuesta para definir qué significa ser nutricionista. Y creo que está bien. Porque nuestra profesión cambia con el conocimiento, con la sociedad y con los desafíos que enfrentamos.
Lo importante es no dejar de preguntarnos.
¿Qué nutrición queremos ejercer?
¿Qué profesión queremos dejarles a quienes vienen detrás?
¿Qué lugar queremos ocupar en la construcción de una sociedad más saludable y más justa?
Hoy celebro ser nutricionista.
Pero, sobre todo, celebro la posibilidad de seguir construyendo qué significa serlo.
Que la nutrición que soñamos pueda convertirse en prácticas, en políticas, en derechos, en oportunidades. Y en una profesión cada vez más comprometida con las personas y con la sociedad.
Feliz Día de la Nutricionista.
Un beso,
Flor




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